Corazonaria

De fragmentos y sentimientos 

 

Así están hechas las obras de Ángeles Pérez, como la vida misma, que parece llegarnos a golpes, a trompicones. 

 

¿Cómo se puede ser objetivo a la hora de hablar o plasmar los sentimientos? De ninguna manera. Pero ahora no hace falta, los fragmentos que la artista nos ofrece son suficiente. Son imágenes que hacen inútil cualquier explicación, comprensibles sin más, porque están cargadas de significados que cada uno adoptamos e interpretamos, porque seguro que los hemos vivido alguna vez en la vida. 

 

Imágenes para la memoria que nos despiertan y nos revuelven por dentro y que nunca dejan indiferente. 

 

Imágenes-vida, que la artista presenta a pedazos, tan directa como sutilmente, y que parecen insistir en esa manera de ver, constante en la historia de la creación en manos de mujer, que pasa por las duras mutilaciones de la escultora Louise Bourgeois, las pinturas despiadadas de Frida Kahlo, o las exquisitas ampliaciones de Geogia O"Keeffe. Cada una de ellas, con su modo personal de entender el arte, nos ofrece un poco de sí misma. 

 

En las fotografías de Ángeles Pérez se intensifica esta visión porque recurre a la ampliación y quietud de las imágenes que se convierten en fragmentos de espacio e instantes de tiempo. 

 

La iluminación cumple un papel clave en cada una de sus obras: transparencias y opacidades, reflexiones y refracciones, cuerpos traslúcidos, reverberaciones, contraluces..., en definitiva, un control de la luz que la convierte en la principal protagonista. 

 

Pero si los procesos técnicos y creativos son fundamentales, el auténtico valor está en la presencia de las cosas; imágenes no explícitas -a pesar del realismo- sino sugeridas; no se describen, sólo se presentan, porque con la explicación es seguro que el encanto desaparecería. 

 

El misterio envuelve las obras y su clara exposición nos inquieta y confunde. 

 

El origen de este carácter oculto está en el trabajo de estudio, que supone transformar la realidad, cercarla en un espacio elegido a voluntad. En la intimidad del estudio la artista se retrata a sí misma, nos muestra su diario poético, cuyo discurso narrativo se apoya en la sencilla belleza de las cosas, fabricando realidades que toman vida en cada uno de nosotros. 

 

La soledad, fuente de reflexión e inspiración, se funden con la precisa y paciente técnica para encontrar esos momentos de luz. 

 

Robert Frank decía que el fotógrafo es un viaje solitario cuya única intención es hacer imágenes tan comprensibles como la vida. Y así son estas obras que la artista nos ofrece en Corazonaria, hechas de fragmentos y sentimientos, que a veces se nos antojan naturales, otras onírica, otras humorísticas e incluso místicas, pero las más, azarosas; fragmentos de Aguaceros de Mayo, Noches Oscuras y Caribes Verdes, sentimientos que ni siquiera el agua del mar puede borrar. 

 

                                                 Santiago Martínez Fdez 

                                       Profesor de Historia del Arte 

                                                Escuela de Arte. Teruel 

 

 

 

El mundo donde me esperas

 

Como en un poema de Keats o como si atravesáramos un espejo, M.Ángeles Pérez nos lleva a una realidad mágica.

 

Después de ver cada una de sus obras pensamos en el diálogo que establece con la Naturaleza –mineral, vegetal…- hasta hacerse amiga de ella; bañando las realidades con una luz maravillosa y, sorprendentemente, siempre natural, intensa y directa unas veces, tamizada por la sombra otras. Proporcionando espacios nuevos a las distintas realidades que pone en relación, escuchando sus historias y ofreciéndonoslas llenas de iridiscencias acuáticas, o entre penumbras, transparencias y claroscuros.

 

Todo se metamorfosea y adquiere una vida nueva, estas imágenes nos atraen con su energía y su misterio, se dirigen a nosotros con un lenguaje callado y acabamos identificando sentimientos propios, juegos, sonrisas, recuerdos, sueños...

 

Por estos micromundos transita la vitalidad y, también, el enigma. Imágenes dobles, triples proyectadas en el aire, flotando en el tiempo como esas historias que nos susurran las abuelas mostrando sus tesoros de borlas, cuentas y encajes.

 

                                                Mario García Herradón

                                                Profesor de Fotografía.

                                                Escuela de Arte. A Coruña

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